La historia de Marc

Mi nombre es Paulina Martínez y soy la mamá de Marc. Esta es su historia:

Marc nació en Barcelona, el día 10 de febrero de 2006 a las 37 semanas de gestación. Fue un parto normal y el niño que pesó 3.150 Kilos y midió 49 centímetros, presentó una exploración normal y un APGAR 9.10.10.

Fueron 10 meses de lactancia materna y el niño presentaba un desarrollo normal. Cogía objetos con la mano, gateaba y respondía a todos los estímulos.

A los once meses recibimos una carta de sanidad diciendo que teníamos que adelantar la vacunación de la triple vírica porque había una pasa de sarampión. Así que no lo dudamos y vacunamos a nuestro hijo el día 22 de enero de 2007. Fue entonces tal y como pude comprobar más adelante con los vídeos del niño y la cartilla de vacunación, cuando se produjo un retroceso en su desarrollo: dejó de decir que no con la cabeza, dejó de mirarnos cuando lo llamábamos, dejó de sonreírnos, de señalar con el dedo y empezó a estar un montón de horas con la mirada perdida, abriendo y cerrando las puertas de toda la casa o chupando los cristales de todos los balcones. Incluso en el video de su primer cumpleaños se le ve del todo perdido y se me oye a mí diciendo “Qué le pasa al niño???”.

Empezamos entonces un periplo de médicos y pruebas (potenciales evocados, escáner craneal, analíticas genéticas varias, electroencefalograma con privación de sueño…etc.) hasta que fue diagnosticado de autismo. La noticia fue como un jarro de agua fría. Como era posible que un niño con un desarrollo normal, se parara y retrocediera de esa manera.

A los 20 meses de edad, Marc tuvo su primera convulsión con fiebre y estuvimos 5 días ingresados, cosa que se volvió a repetir a los 10 días. La causa eran las otitis de repetición que tenía a menudo. Así que lo llevamos al otorrino y decidimos operar al niño de vegetaciones.

También le pusieron drenajes en los oídos. Con la intervención vimos un cambió en el niño, mostrándose asustadizo y chillando cada vez que oía un ruido fuerte como el motor de una moto, por lo que dedujimos que el niño no había oído bien durante un buen período de tiempo y el resultado de los potenciales evocados estaba equivocado. Esto hizo que nos esperanzáramos pensando que a lo mejor todo era producto de una sordera. Pero no lo era.

También empezamos a ir a un homeópata con lo que Marc pasó a ponerse enfermo menos a menudo, pues hasta entonces era una constante en él y las tandas de antibióticos eran continuas llegando a empalmar hasta cuatro tomas de distintos antibióticos seguidas.

Pasados varios meses, y tras hacerle al niño todas las pruebas, la neuropediatra nos dijo que no se podía hacer nada, y que nuestro hijo seguramente jamás hablaría y estaría encerrado en su mundo. No lo acepté. Empecé a investigar a través de internet y a leer artículos que relacionaban la vacunación con el autismo. Cogí la cartilla de vacunación de mi hijo y los videos para ver si detectaba exactamente cuándo empezó el deterioro del niño y lamentablemente pude constatar que a la semana de la vacunación el niño empezó a abrir y cerrar la puerta del pasillo, babear y a estar con la mirada perdida.

Y cuando mi hijo Marc ya contaba con tres años y medio, me puse en contacto con la
asociación AVA, pues como madre no podía dejar pasar cualquier oportunidad que me devolviera a mi hijo.

Cuando empezamos a hacerle las pruebas que nos habían indicado en la asociación AVA y recibimos el resultado de la primera, que era la de intolerancias alimentarias, pudimos comprobar que algo no funcionaba bien en el sistema digestivo de nuestro hijo. Cuando la recepcionista de los laboratorios me dio los resultados me comentó: “no sé qué le vais a dar de comer a vuestro hijo”. El niño presentaba tres folios enteros de intolerancias alimentarias, a alimentos tales como cebolla, melón, tomate, trigo, soja, naranja, apio, perejil, zanahoria, guisantes, lechuga, judías...entre otras.

Después fueron llegando el resto de pruebas, que fueron los péptidos, los ácidos grasos en orina y los metales pesados en pelo. Todas con unos resultados muy fuera de lo normal.

Empezamos entonces con la dieta libre de gluten y caseína y a sustituir aquello que el niño no podía comer por intolerancia por otros productos. Al principio me desesperé y la variedad alimentaria era bastante escasa, pero con el tiempo le cogí el truco y ahora le preparo al niño un montón de platos que él puede comer.

Sólo con la dieta notamos más cambios en el niño.

Empezamos a tratarle la candidiasis intestinal con nistatina y a darle los probióticos y complementos vitamínicos, que nos recetaba la doctora. El niño seguía cambiando. Ya no tenía la mirada perdida y empezaba a responder a determinados estímulos.

También le hicimos veinte sesiones de ozonoterapia rectal. Y entonces empezó a decir palabras. Yo no me lo podía creer. No hablaba frases pero decía palabras sueltas. También empezó a pedir las cosas sin necesidad de coger mi mano y servirse de ella para señalar.

Al cabo de un tiempo empezamos la quelación con sustancias naturales, y siguieron los avances en su habla y en su desarrollo cognitivo y social. Y seguimos el tratamiento prescrito hasta el día de hoy.

Tengo que decir, que en cada nueva prescripción de un tratamiento el niño ha experimentado mejoría, constatada no solo por la familia, sino, por sus maestras y por su psicóloga.

Hoy Marc es un niño de 8 años que habla, que se relaciona con su entorno (a veces con dificultad, pues le cuesta la socialización), que tiene mucha picardía, pues es bastante trasto, que miente y dice que él no ha sido cuando ha hecho algo mal, que se chiva si ve que su hermana mayor está haciendo alguna trastada, que se pelea con su hermana continuamente (como todos los hermanos), que se queja si no tiene ganas de trabajar, que protesta si no quiere ir a dormir o al colegio, que te pide perdón si ve que te has enfadado con él…

 Marc asiste a una escuela normal, repitió P5 y ahora está cursando primero de primaria. Tiene vetlladora y ya lee y está aprendiendo a sumar y a restar entre otras cosas.

Marc sigue siendo autista y tiene obsesiones que va cambiando, Por ejemplo, ha estado obsesionado con las coletas de las niñas. Y yo he aprendido en todos estos años que lo mejor para su conducta es usar sus obsesiones como premios. Eso lo motiva y hace que su conducta sea cada vez más normalizada y deje de tener comportamientos disruptivos. Por ejemplo, si se ha portado bien en el cole, le dejo que me haga una coleta y la toque.

Recientemente alguien le ha hablado de la muerte y le ha dicho que cuando sea mayor sus papás se irán y no volverán. Me sorprendió mucho que el otro día me dijera que no quería crecer para que sus papás no se fueran.

Soy consciente de que hay muchos niños a los que los tratamientos no les han funcionado o han experimentado poca mejoría, pero eso también pasa en la medicina convencional con la que un paciente puede no responder de la misma forma a un tratamiento que otro o simplemente puede no responder. En el caso de Marc, la recuperación ha sido enorme y doy gracias por no haberme resignado y haber luchado por intentar recuperar a mi hijo, y sobre todo mi agradecimiento a la asociación AVA y a la Dra.Mazzuka que luchan día a día para que muchos niños que se dan por perdidos puedan tener la misma oportunidad que Marc.

Desde estas líneas quiero agradecer también el esfuerzo de todos aquellos que trabajan día a día con Marc, en especial a sus maestras, a su vetlladora y al equipo del comedor del colegio y en particular a su psicóloga.

Gracias a todos ellos, Marc está de vuelta.