Vitamina D y Autismo

En los últimos 15 años países como Estados Unidos han asistido a un crecimiento tan elevado del autismo que ha alcanzado un ritmo alarmante (podemos ver en el gráfico superior el aumento de autismo en niños de entre 2-4, 5-6 y 7-9 años por cada 10.000 habitantes en dicho país). En España no es muy distinta la situación. Y lo cierto es que nadie puede achacar esto al envejecimiento de la pirámide poblacional en tanto el autismo es una patología de desarrollo esencialmente durante el período infantil. Con anterioridad he hablado del más que preocupante descenso de vitamina D en niños y adolescentes en Occidente. ¿Acaso podemos establecer entre ambos eventos una correlación? La respuesta parece ser claramente afirmativa. En este sentido, resultan esclarecedoras las investigaciones del Dr John J. Cannell, director ejecutivo del Vitamin D Council y experto en psiquiatría. Su exposición del estado de la cuestión, tal como desarrolla en su investigación “Autism and vitamin D” (Medical Hypotheses, 2008), se podría resumir del siguiente modo. La vitamina D, obtenida tanto del sol como de los alimentos o suplementos, debe atravesar dos procesos bioquímicos para alcanzar su forma activa. Primero el hígado lo metaboliza como 25-hydroxyvitamin D (que es lo que medimos en sangre cuando analizamos nuestros niveles de esta vitamina); posteriormente el 25-hydroxyvitamin D circulante pasa a convertirse en calcitriol, poderoso neuroesteroide que controla el crecimiento de las células cerebrales y actúa sobre los receptores del cerebro durante los primeros días del embrión. Y es que ya en 2001 unos investigadores denominaron a la vitamina D ‘el ignorado neuroesteroide’, determinando que debía analizarse su deficiencia como un factor de riesgo del autismo (”Vitamin D: the neglected neurosteroid?” Trends Neuroscience, octubre 2001). Con posterioridad se ha llegado a la conclusión de que la vitamina D, como neuroesteroide que sería, ofrece “neuroprotección, efectos antiepilépticos, inmunomodulación, impacto sobre múltiples neurotransmidores cerebrales, así como regulador del comportamiento” (”The vitamin D neuroendocrine system as a target for novel neurotropic drugs”, CNS Neurological Disorders Drug Targets, junio 2006). Actualmente existen 1000 genes conocidos que son objetivo de la acción del calcitriol, y el número crece.

Your browser may not support display of this image. Tradicionalmente ha sido considerada la agresión de las toxinas como el mercurio -así como la herencia genética- el factor probablemente más destacado en explicar el desarrollo del autismo. Dichas toxinas generan inflamación aumentando en concreto los niveles de citoquinas proinflamatorias. Precisamente esto suele observarse en los individuos con niveles muy bajos de vitamina D (el calcitriol reduce las mencionadas citoquinas en el cerebro, véase “Evidence that vitamin D3 reverses age-related inflammatory changes in the rat hippocampus”, Biochem Soc Trans, agosto 2005). Y es también por esto que no debería sorprenderte que el autismo es objeto de tratamiento con el alimento de mayor poder antiinflamatorio conocido: el aceite de pescado (”Omega-3 fatty acids supplementation in children with autism: a double-blind randomized, placebo-controlled pilot study”, Biological Psychiatry, enero 2008).

Pero aquí no acaba la conexión entre el autismo y la vitamina D. Investigadores tanto de Suecia como de Utah (EEUU) demostraron que los estrógenos tienen la capacidad de mejorar la respuesta del tejido cerebral al calcitriol, por lo que los hombres necesitarían una dosis superior de vitamina D para obtener los mismos beneficios neuronales. Como probablemente estés imaginando, resulta que los hombres son mucho más propensos a desarrollar autismo que las mujeres (puedes consultar las referencias de la National Autistic Society de Gran Bretaña). Las madres que consumen más pescado durante el embarazo y lactancia se sabe que crían niños con mayores capacidades cognitivas que las madres que menos lo consumen. Cada vez más se reconoce el papel central de las grasas Omega 3. Pero en los más recientes últimos años se considera también el importante rol de la vitamina D: recuerda que el pescado también es rico en vitamina D. La mayoría de la población, que por desgracia no se plantea consumir un suplemento de vitamina D, confía quizás la mayor parte de la obtención de esta vitamina a la exposición solar. Planteemos otra hipótesis tal como ha hecho el Dr Cannell: en tanto el pigmento de la piel bloquea la síntesis de vitamina D procedente del sol, ¿no habrá mayor incidencia de autismo entre los niños de piel oscura? Si bien la evidencia no es muy extensa, tampoco es Your browser may not support display of this image. inexistente. Al menos dos estudios europeos -en Inglaterra y Suecia- publicados en 1995 corroboran mayores tasas de autismo en los niños de inmigrantes de piel oscura (”Child and adolescent psychiatric presentations of second-generation Afro-Caribbeans in Britain”, British Journal of Psychiatry, septiembre 1995; “Autism in immigrants: children born in Sweden to mothers born in Uganda”, J Intellect Disabil Res, abril 1995).

No sólo todos los adultos y niños deberían asegurarse 1000 UI diarias de vitamina D, sino que todos los bebés, según el especialista en psiquiatría y vitamina D el Dr Cannell, deberían recibir una dosis suplementada de 800 UI en caso de recibir leche materna y 400 UI si reciben leche fortificada. Para las madres embarazadas y lactantes, la Sociedad Canadiense de Pediatría recomienda 2000 UI diarias de vitamina D. Aún sigo esperando que las autoridades públicas aumenten la dosis recomendada para toda la población de ¡sólo 200 UI diarias de vitamina D! (1 y 2).

Referencia: http://bellezapedia.com/archives/296