Artículo escrito por la Doctora Carmen Jerez

Existen más de 10000 estudios relacionados con la toxicidad del mercurio. En noviembre de 2006 la prestigiosa revista médica The Lancet publicaba un artículo en el que habían participado, entre otros, el Departamento de Pediatría del Hospital Monte Sinaí de Nueva York o el Instituto de Salud Pública de Dinamarca. En dicho artículo se relacionaba directamente los tóxicos como el con patologías como el autismo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y la parálisis cerebral.

 

Pero…¿DÓNDE SE ENCUENTRA EL MERCURIO?

El mercurio es un metal pesado conocido por su alta toxicidad en cualquiera de sus formas. Las fuentes más habituales (aparte de la exposición profesional p.e. minería o la accidental como p.e. la rotura de termómetros ) son:

-El pescado,marisco y moluscos: por la contaminación de los mares, sobre todo pez espada, cazón, mero y atún.

Los ginecólogos empiezan a recomendar a las embarazadas que restrinjan el consumo de pescado a una vez por semana para evitar daños al feto. Las personas con niveles altos de mercurio comprobados deberían evitar también estos alimentos. El aceite de pescado purificado (Eye Q vitae, Cod Liver Oil…) tiene todas las ventajas del pescado (acidos grasos omega 3) y no contienen mercurio.

-Las vacunas: hepatitis B, gripe, tétanos y tétanos-difteria suelen contener como conservante thimerosal (etil mercurio). Todas estas vacunas existen también sin mercurio, no tema exigir vacunas libres de mercurio para sus hijos.

-Amalgamas: la OMS reconocía en 1991 que las amalgamas (empastes metálicos) eran la fuente de contaminación por mercurio más importante.

La amalgama es una mezcla de metales que contiene mercurio líquido (50%), plata (35%), estaño (15%), cobre ( 2%) y una pequeña cantidad de zinc.

En un medio tan corrosivo como la cavidad bucal no es extraño que a los 5 años cada amalgama haya perdido aproximadamente el 30% de su contenido en mercurio. ..¿ dónde ha ido? No muy lejos, por desgracia.

Aunque en la amalgama el mercurio se encuentra en su forma metálica, que es relativamente poco tóxica, a partir de 20º C se evapora. Los vapores de mercurio que se generan entonces en la cavidad bucal se absorben en su mayor parte (80%) y esto produce una alta concentración de mercurio en los pulmones. Desde allí se distribuye por la sangre y se acumula sobre todo en los órganos grasos como el cerebro y los riñones. La piel, el pelo, el hígado, glándulas salivales, testículos e intestino también muestran concentraciones altas de mercurio. Atraviesa la barrera hematoencefálica y la placentaria.

La vida media del mercurio varía en función de la capacidad individual de eliminación, parece que cuanto más joven mejor se elimina; también del órgano: en sangre sólo se encuentra unas 48-72 horas, en cambio en el cerebro puede tardar años en eliminarse aún con tratamiento.

La eliminación se hace por heces y orina, en menor cantidad puede encontrarse en el aire espirado, sudor, saliva y lágrimas.

Cuando eliminamos el mercurio del cuerpo los otros tóxicos ( plomo, cadmio, arsénico…) se van también, pues parece que el mercurio satura y bloquea los mecanismos naturales de eliminación de tóxicos y otros residuos. Entre estos mecanismos se encuentra una proteína de bajo peso molecular, la metalotioneina, que se une activamente al mercurio gracias a los grupos sulfhidrilos que contiene para eliminarlo por orina. Los niveles de metalotioneina son cruciales cuando existe intoxicación, se investiga actualmente si podría existir un defecto congénito de esta proteína en los pacientes autistas.

Mención especial merece la intoxicación por mercurio en los fetos, neonatos y lactantes. La sensibilidad al mercurio es de 5 a 10 veces mayor que en el adulto, por eso no pueden manejarse las mismas cifras para suponer intoxicación. Además la absorción intestinal se ve incrementada por la leche, concretamente por la caseína, aunque aún no se sabe la razón. Esto significa que el paso placentario y a través de leche materna es tan importante, en un periodo en el cual se encuentra el individuo especialmente vulnerable (la mielinización y formación del cerebro comienza in útero y no concluye hasta los 3 años o más) que puede causar estragos en el sistema nervioso del bebé, aunque la madre no sufra síntomas. Estas consecuencias se han estudiado largamente en Colombia, donde existen aldeas dedicadas íntegramente a la extracción y amalgamación de oro con mercurio metálico, también en Japón tras un vertido accidental de mercurio en el mar hubo oportunidad de estudiar los efectos nocivos del mercurio sobre los fetos( enfermedad de Minamata.)

Son los siguientes:

-Si la intoxicación es grave: abortos, fetos muertos, parálisis cerebral, retraso mental, autismo.

-Si es más sutil: retraso de la marcha y del lenguaje, bruxismo (rechinar de dientes) dificultades de aprendizaje, hiperactividad.

 

En adultos provoca: sabor metálico en la boca, resfriado crónico, dolores articulares, insensibilidad y hormigueo en manos y pies (neuropatía periférica), manos y pies fríos (mala circulación periférica), fenómeno de Raynaud, cansancio crónico, falta de iniciativa, temores irracionales, agresividad, irritabilidad, insomnio, temblores… Recientemente se le ha relacionado con enfermedades autoinmunes, Esclerosis Múltiple y Fibromialgia.

 

Imagino que a estas alturas el lector está pensando porqué las autoridades sanitarias no toman cartas en el asunto. No sería una medida muy popular divulgar que es recomendable restringir el consumo de algunas especies de pescados y mariscos: los pescadores sufrirían pérdidas incalculables; existen vacunas sin mercurio pero sería un gasto inmenso que las compañías farmaceúticas tuvieran que desechar los stocks de vacunas con thimerosal; tampoco sería muy rentable olvidar un material excepcionalmente plástico y eficaz para los empastes y porqué no decirlo, el más barato y que deja más beneficios al dentista. Admitir que las amalgamas producen daño sería tener que hacer frente a un sin fin de indemnizaciones (el 90% de la población tiene o ha tenido amalgamas). Ningún gobierno podría hacer frente a tal gasto.

Paradójicamente los mismos dentistas que afirman que no hay peligro utilizan dispositivos especiales para el manejo, aplicación y desecho del mercurio, aludiendo, claro está, motivos ambientales. No tienen reparos en poner amalgamas, aunque sí para retirarlas pues se desprende bastante vapor de mercurio que ellos inhalan en parte.

 

En países como Alemania, Suecia o Austria se restringe el uso de la amalgama en niños, embarazadas y enfermos renales. En California existe la obligación de informar al paciente de que pueden ocasionar alteraciones en la reproducción y daños fetales. (California ha sido el primer estado de USA en prohibir las vacunas con thimerosal por su posible relación con el autismo).

En España se llega al punto de llenar las bocas de los niños con este tipo de empastes o ponerlos en embarazadas o madres lactantes sin ninguna restricción. ¡Demencial!

 

¿Cómo puede extrañarnos la “EPIDEMIA” de autismo? Hace 50 ó 75 años se podía comer pescado y las vacunaciones no eran tan sistemáticas ni tan tempranas (por cierto, me pregunto que falta le hace a un niño sano sin factores de riesgo que le den la bienvenida al mundo con una vacuna anti hepatitis repleta de aluminio y mercurio cuando solo podría contagiarse vía sexual o por transfusión, seguro que no se puede esperar a los 2 años cuando su inmunidad sea aceptable, pero yo me vacune con 27 años y aquí sigo). Desde luego el 90% de la población no tenía amalgamas, la mayoría de la gente no se hacía revisiones, solo iban al dentista cuando tenían un fuerte dolor de muelas y para entonces la cosa solía acabar en extracción. Mis cuatro abuelos murieron “de viejos”, les faltaban muchas piezas dentarias pero ninguno tenía amalgamas. Quizá por eso mi madre no sabía qué significaba “sospecha de autismo” cuando lo oyó referido a su nieta, pues nunca había conocido ni de lejos ningún caso. Afortunadamente el diagnóstico nunca llegó a confirmarse, pero incluso cuando aparecieron  cifras tóxicas  de mercurio en mi leche y en la orina de mi hija solo conseguí que en el informe de alta apareciera una "posible sospecha de intoxicación mercurial", sin que se aconsejase prueba diagnóstica ni tratamiento alguno.

 

Aunque la causa primera del autismo aún no está demostrada, podríamos admitir que se trata de un desorden neurológico provocado por un agente que actúa dañando un cerebro inmaduro, en plena formación. De hecho, muchas enfermedades congénitas en las que hay una alteración metabólica o enzimática cursan con autismo (p.e. fenilcetonuria, errores innatos del ciclo de la urea…) pero la intoxicación mercurial también distorsiona múltiples reacciones metabólicas y enzimáticas y puesto que hace 50 años los fetos y bebés apenas tenían contacto con el mercurio y actualmente se les intoxica desde su concepción no sería muy aventurado pensar que algo o mucho tiene que ver esto con la “epidemia” actual de autismo. ¿No les parece?

 

El mercurio causa autismo porque interfiere con el metabolismo, incluso a nivel mitocondrial, altera la inmunidad, causa daño cerebral directo y lesiona la mucosa intestinal, llevando a la proliferación de hongos (Candida Parapsilosis) y bacterias (Klebsiella, Clostridium) que no hacen sino intentar “atrapar” mercurio en su pared celular, por eso son tan difíciles de erradicar,( mientras haya mercurio habrá hongos). Lo malo es que todo ello lleva a un aumento anormal de la permeabilidad de la mucosa (los poros dejan pasar proteínas demasiado grandes) y aparecen alergias alimentarias y péptidos anormales de caseína y gluten con efecto opioide que “bañan” el cerebro y afectan a la conducta, a las emociones y al desarrollo , produciendo los síntomas típicos que todos conocemos.

 

¿Se enteraran algún día los Neuropediatras de la Seguridad Social de todo esto y TRATARÁN de verdad el autismo?

 

CARMEN JEREZ