Estudio caso-control sobre la carga de Mercurio en niños con desórdenes del espectro autista


A case-control Study of Mercury Burden in Children with Autistic Spectrum Disorders

Jeff Bradstreet, M.D.
DavidA. Geier, B.A.
Jerold J. Kartzinel, M.D.
James B.Adams, Ph.D.
Mark R. Geier, M.D., Ph.D.


Abstract

Recientemente se han reportado epidemias de autismo en USA y Gran Bretaña. Evidencias de una epidemia emergente y plausibilidad biológica sugieren una asociación entre los trastornos del espectro autista y la exposición al mercurio.

Este estudio compara la excreción de mercurio después de tres días de  tratamiento con un agente quelante oral, meso-2, 3 -- ácido dimercaptosuccínico (DMSA), en niños con trastornos del espectro autista y una muestra-control de población sin trastornos (aclaración de la traducción, una muestra par-control se realiza comparando niños con el trastorno en cuestión, con otros sin el trastorno escogidos con las mismas características de edad, peso, altura etc, de forma que se puedan emparejar).

En general, las concentraciones de mercurio en orina fueron significativamente más altas en 221 niños con trastornos del espectro autista que en los 18 controles normales (Aumento relativo (RI) = 3,15, P <0,0002). Además, los casos en los que los niños habían sido vacunados mostraron una significativa mayor concentración de mercurio urinario que los controles no vacunados (RI = 5,94, P <0,005).

Similares concentraciones de mercurio urinario fueron observadas entre los vacunados y no vacunados del grupo control, y no se ha encontrado asociación
entre el cadmio urinario o las concentraciones de plomo y trastornos del espectro autista.

 Las concentraciones urinarias de mercurio observadas podrían plausiblemente ser el resultado del uso de timerosal en las vacunas de la infancia, aunque también pueden haber contribuido otras causas medioambientales, así como el timerosal contenido en las Rh (D) inmunoglobulinas que se administraron a las madres.

Independientemente del mecanismo por el cual los niños con trastornos del espectro  autista tienen altas concentraciones de mercurio en la orina, el tratamiento con DMSA descrito en este estudio podría ser útil para diagnosticar su actual carga de mercurio.

PALABRAS CLAVE: autismo, trastornos del espectro autista, quelación,
DMSA, mercurio, timerosal.

Antecedentes

Recientes estudios han analizado la prevalencia de autismo desde mediados de los años 1980 a 2002 en los Estados Unidos y el Reino Unido. Se estima que los trastornos del espectro autista han aumentado de 1 cada 2.500 niños a mediados de la década de 1980 a 1 de cada 150 en 2002. Por otro lado, y dado que dichos estudios han evaluado que la prevalencia de autismo en los varones es cuatro veces mayor que la de las mujeres, podemos inferir que la prevalencia de este trastorno en los varones es superior a 1 de cada 100.

Estos estudios han demostrado que el aumento de la prevalencia del autismo es auténtico y no el resultado de migraciones de la población, diferencias en los criterios de diagnóstico u otros posibles factores de confusión.
En el 2001, el Instituto de Medicina (IOM) de los Estados Unidos de la Academia Nacional de Ciencias determinó que el vínculo entre el timerosal contenido en las vacunas infantiles y el reciente notable aumento en los trastornos del desarrollo neurológico es biológicamente plausible.

Recientes estudios epidemiológicos demuestran un fuerte vínculo entre la exposición al mercurio del timerosal contenido en las vacunas de la infancia y los trastornos neurológicos del desarrollo.

El propósito de este estudio fue evaluar la concentración de mercurio en la orina después de un período de tres días de tratamiento con una dosis oral de un
agente quelante, meso-2 ,3-ácido dimercaptosuccínico (DMSA), en niños con trastornos del espectro autista, en comparación con una población de control.

Forman et al. han informado sobre el uso del tratamiento con DMSA oral en niños expuestos a mercurio metálico. Estos autores encontraron que la quelación oral con DMSA produjo una diuresis de mercurio significativa en estos niños. Se observó que no existen efectos secundarios adversos después del tratamiento. Los autores concluyeron que el DMSA parece ser un agente quelante seguro y eficaz para el tratamiento pediátrico cuando hay una excesiva exposición a mercurio metálico.

Además, hay una bibliografía extensa que apoya su seguridad en la quelación de plomo en niños expuestos.

Métodos

Nuestro estudio es un análisis retrospectivo caso-control por emparejamiento realizado con 221 niños con trastornos del espectro autista previamente diagnosticado y confirmado en el Centro Internacional de Recursos para el Desarrollo del Niño (ICDRC). [n.t: llamémosles casos]. Cada niño objeto del estudio había sido diagnosticado con autismo (DSM-IV 299.00) o un trastorno generalizado del desarrollo (DSM-IV 299.80) por médicos ajenos.

Asimismo, se identificó una muestra control de 18 niños sin trastornos del espectro, ni en ellos mismos ni entre sus hermanos o familiares de primer grado
[n.t: llamémosles controles]. Estos niños sanos fueron presentados al ICDRC para la determinación electiva de sus niveles de exposición a mercurio ambiental a petición de sus familias, y se incluyen aquí para efectuar la comparación entre los dos grupos.

La Junta de Revisión Institucional de la Universidad Estatal de Arizona aprobó nuestro estudio, basado en el examen retrospectivo caso-control.

Los niños fueron examinados para excluir a los que tuvieran amalgamas dentales. Entre los 221 casos, todos habían recibido el programa de vacunación  adecuado a sus respectivas edades. En cuanto a los 18 niños de la muestra control, 10 niños habían sido vacunados, y 8 niños no había recibido ninguna vacunación durante la niñez debido a objeciones religiosas.

Se obtuvo el consentimiento paterno para el tratamiento de quelación con DMSA para todos los niños del estudio. El grupo control y los 221 casos fueron tratados durante tres días con DMSA oral a razón de la dosis de10 mg / kg  administrada tres veces al día. Después de la novena dosis, se recogió la primera orina de la mañana (en los casos en los que fue posible) o se recogió una bolsa de orina que los niños llevaron durante la noche. Todos los análisis de laboratorio se realizaron en Doctor’s Data Inc., en Chicago, Illinois.

La respuesta al DMSA fue medida en microgramos de mercurio por gramo de creatinina, utilizando espectrometría de masas acoplada por inducción, y la creatinina fue medida utilizando el método de Jaffe. Al laboratorio no se le informó
sobre si los especímenes pertenecían a las 221 muestras con trastorno del desarrollo o a los controles.

Además de los datos generales de la excreción urinaria de todos ellos, se llevaron a cabo varios estudios epidemiológicos comparando casos y controles por emparejamiento utilizando las poblaciones disponibles.

En primer lugar, fue posible emparejar 88 casos con 16 controles por parámetros de edad (con una diferencia máxima de un año) y sexo, y después se determinaron las concentraciones globales urinarias posteriores al DMSA.

En segundo lugar, se emparejaron 55 casos con 8 controles vacunados por edad, sexo, y régimen de vacunaciones, y después se determinaron las concentraciones urinarias de mercurio, cadmio y plomo posteriores al  DMSA.

Por último, fue posible emparejar 5 controles (sin trastorno del desarrollo), vacunados y no vacunados, por edad y sexo, y después se determinaron las concentraciones globales urinarias de mercurio cadmio y plomo posteriores al DMSA.
El paquete de estadística empleado en este estudio es el contenido en Excel y Sisa.

Determinamos los valores medios, el aumento relativo (RI) en los valores medios en la excreción de metales pesados comparando los casos con los controles (media casos / media controles), la desviación estándar, y la significancia (fiabilidad) estadística con un t-test.

Partimos de la hipótesis nula de que las poblaciones objeto de estudio deberían tener distribuciones similares de excreta de metales pesados, y aceptamos una P de doble cara-valor de <0,05 como estadísticamente significativa.

Resultados

El cuadro 1 resume el número de hombres y mujeres, la media de edad en años, y promedio de Hg mcg / g de creatinina después del tratamiento con DMSA entre los 221 casos y 18 controles.

Entre los 221 de los casos el ratio niño: niña fue 4.88:1, y entre los 18 controles el era de 4:1. Las concentraciones de mercurio en la orina fueron significativamente mayores en los casos que en los controles (RI = 3,15, P <0,0002; IC 95%: 1,43 a 4,11).

En la primera parte de nuestro análisis epidemiológico de casos y de controles, se determinó la media y desviación estándar de las concentraciones de orina de mercurio en los 88 casos (5,45 ± 10,9 mcg de Hg / g creatinina) y 16 del grupo control emparejados por edad y sexo (1,45 ± 1,57 mcg de Hg / g creatinina) después del tratamiento con DMSA. Las concentraciones de mercurio en orina fueron
significativamente mayores en las muestras de casos que en los controles (RI = 3,76, p <0,002; IC 95%: 1,60 a 6,41).

Los resultados de la segunda parte de nuestro estudio se determinó la media y la desviación estándar de las concentraciones de mercurio en la orina en los 55 casos (6,42 ± 12,69 mcg de Hg / g creatinina) en relación con los 8 del grupo control, agrupados por edad, sexo, y estado de vacunación (1,08 ± 1,12 mcg de Hg / g creatinina).

Determinamos que los casos tenían una concentración de de mercurio en orina (DMSA) significativamente más alta de que los controles (RI = 5,94; P <0,005, IC 95%: 1,90 a 8,79). Como se muestra en la Tabla 2, los dos grupos tuvieron similares concentraciones urinarias de cadmio y plomo después del tratamiento con DMSA. En lo que respecta al grupo control de niños sanos agrupados por edad y sexo se determinó que 5 controles vacunados tenían similares  concentraciones urinarias de mercurio, cadmio y plomo después del tratamiento con DMSA en comparación con 5 controles no vacunados.

Discusión

Este estudio demuestra una fuerte asociación entre el aumento de concentraciones de mercurio en la orina después de tres días de tratamiento con DMSA con la presencia de un trastorno del espectro autista.

La asociación estadísticamente significativa persiste cuando los casos vacunados se comparan con los controles vacunados. No se encontró asociación  entre los niveles urinarios de cadmio o concentraciones de plomo post DMSA y los trastornos del espectro autista. Por último, aunque las poblaciones eran pequeñas, las diferencias de concentraciones de metales pesados medidos en niños sanos vacunados y no vacunados fueron pequeños y no mostraron diferencias estadísticamente significativas en las concentraciones urinarias de mercurio, cadmio, y de plomo después de tres días de tratamiento con DMSA.

Anteriormente, Stajich et al. ya habían demostrado que en los recién nacidos había aumentos significativos (P <0,01) en las concentraciones de mercurio en sangre durante las 48 a 72 horas posteriores a la inmunización con vacunas infantiles que contienen timerosal, en comparación con los niveles previos a la vacunación.

Pichichero et al. examinaron las concentraciones de mercurio en sangre, orina y heces desde 3 hasta 28 días después de haber sido vacunados con vacunas con timerosal, en 40 bebés a término de 6 meses de edad y menores, en comparación con un grupo control de 21 niños que habían recibido vacunas libres de timerosal.

Las dosis promedio de mercurio recibido por sujetos expuestos al timerosal  fueron de 45,6 mcg (rango 37,5-62,5) para lactantes de 2 meses de edad y de 111,3 mcg (rango 87,5-175,0) en bebés de 6 meses.

Las concentraciones de mercurio en sangre en bebés de 2 meses de edad varió desde menos de 3,75 hasta 20,55 nmol / L; en 6 meses de edad todos los valores fueron inferiores a 7,50 mmol / L. Sólo en 15 muestras de sangre se hallaron contenidos de mercurio cuantificables. Las concentraciones de mercurio en orina fueron bajas después de la vacunación pero eran altas en las heces en lactantes de 2 meses de edad (media de 82 ng / g de peso seco) y de 6 meses (media de 58 ng / g de peso seco), todos ellos expuestos al timerosal.

Los autores estimaron que la vida media del etilmercurio en sangre era de 7 días (95% IC 4-10 días). El estudio no pudo determinar la disposición final de la totalidad del mercurio que fue inyectado a los niños.

Nuestro análisis muestra que en los niños que desarrollaron trastornos del espectro autista había una significativa mayor acumulación de mercurio que en las muestras-control.

Nuestros resultados son similares a los del estudio retrospectivo de Holmes et al. Ellos observaron que había una reveladora relación entre un autismo cada vez más severo y la disminución de los niveles de mercurio en el primer corte de pelo de los bebés en comparación con la normalidad. La coincidencia entre nuestros resultados y los de Holmes et al probablemente sugiera una menor capacidad de los niños con trastornos del espectro autista para excretar el mercurio, lo que resulta en la retención de niveles de mercurio potencialmente tóxicos.

En los trastornos del espectro autista se observa un deterioro de la sulfatación, y este déficit bioquímico, posiblemente debido a una condición genética preexistente, puede contribuir a la acumulación de mercurio observada, ya que el mecanismo normal de la eliminación de mercurio del cuerpo se cree que implica la unión de los compuestos de mercurio a grupos sulfhidrilo.

Las concentraciones de mercurio en el cerebro humano son seis veces mayores que
en sangre. Esto se deriva del hecho de que el timerosal contiene etilmercurio radical que se une al átomo de azufre del grupo de tioles del ácido salicílico. En general, los iones de mercurio se unen firmemente, pero de forma reversible, a los tioles.

 Es probable, por tanto, que la fracción de etilmercurio del timerosal se disocie de la fracción del ácido thiosalicílico inmediatamente después de la inyección, para atarse a las uniones tiol presentes en gran cantidad en las proteínas de los tejidos.

La acumulación de mercurio en los tejidos de los niños es especialmente alarmante a la luz de un reciente artículo de Baskin et al. Ellos han examinado  los efectos tóxicos de concentraciones micromolares de timerosal en cultivos humanos de neuronas corticales y en fibroblastos humanos normales. Los resultados demostraron que el timerosal en concentraciones micromolares inducía daños en la membrana y el ADN e iniciaba la apoptosis (muerte celular) dependiente de caspasa en neuronas humanas y fibroblastos. Además, los autores informan que el timerosal puede producir toxicidad incluso a dosis inferiores a las utilizadas en sus experimentos con tiempos más largos de exposición.

Otro estudio reciente realizado por Makani et al. también ha demostrado la alta toxicidad del timerosal en bajas concentraciones micromolares en células T incubadas con timerosal durante 24 horas.

Un reciente artículo de Nelson y Bauman estableció que el cuadro clínico general del mercurialismo -de cualquier forma conocida, sea cual sea la dosis, duración, o edad de la exposición- no se asemeja al cuadro del autismo y que todavía no se han presentado pruebas que indiquen que los niños expuestos a las vacunas que contienen derivados mercuriales tienen más propensión a padecer autismo o sus trastornos, que los niños con menos o ninguna exposición.

Sin embargo, el National Toxicology Program (NTP) del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., un programa interinstitucional con sede en los Institutos Nacionales de Salud (Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental NIEHS), informa que la torpeza, el deterioro del lenguaje y los trastornos emocionales, tanto agudos como crónicos, son comúnmente observados en la exposición al timerosal. Estos síntomas del mercurialismo son similares a las anomalías observadas en los trastornos del espectro autista. Esta observación ha sido respaldada por Green et al., que recientemente informaron que la torpeza es una comorbilidad comúnmente observada en el síndrome de Asperger, un trastorno del espectro autista.

Los resultados del presente estudio, junto con las publicaciones incluidas anteriormente no concuerdan con las opiniones expresadas por Nelson y Bauman y apoyan la hipótesis de Bernard et al., quienes han encontrado equivalentes las alteraciones biológicas que comúnmente encontramos en el autismo y las patologías correspondientes derivadas de la exposición al mercurio. Se encontraron otras similitudes entre el autismo y la exposición al mercurio en lo que respecta a los efectos sobre la bioquímica, el sistema inmunológico, la estructura del sistema nervioso central, la neuroquímica, y la neurofisiología.

Otro estudio realizado por Bernard et al. ha evaluado la relación entre el timerosal y el autismo. Ellos observaron que el timerosal fue agregado a las vacunas infantiles en la década de 1930, y el autismo fue descrito por primera vez en 1943 entre los niños nacidos en la década de 1930, lo cual sugiere que el autismo puede ser en realidad un efecto iatrogénico del timerosal.

Además, Redwood, et al. han establecido que la exposición mercurio durante la vacunación en la infancia es una causa de preocupación porque la exposición a bajos niveles de mercurio durante etapas críticas del desarrollo se ha asociado a trastornos neurológicos en los niños, incluyendo el trastorno de déficit de atención (ADD), las dificultades de aprendizaje y retrasos en el habla.

Por otra parte, nuestros resultados parecen confirmar evidencias epidemiológicas previamente publicadas que muestran una asociación directa entre el aumento de la exposición al mercurio debido a las vacunas que contienen timerosal y los trastornos neurológicos del desarrollo en los niños. Estos estudios demostraron que había un aumento estadísticamente significativo de dos a seis veces de la incidencia de trastornos del desarrollo neurológico a partir de una dosis adicional de 75-100 microgramos de mercurio proveniente del timerosal que contienen las vacunas infantiles en comparación con las vacunas infantiles sin timerosal. Dichos estudios realizaron curvas de dosis-respuesta que demostraban una estrecha y estadísticamente significativa correlación entre el aumento de las dosis de mercurio en las vacunas de la infancia y los trastornos del desarrollo neurológico infantil.

Los resultados de nuestros análisis sugieren que el mercurio debe retirarse de inmediato de todos los productos biológicos, coincidiendo con otros que han llegado a una conclusión similar.

Kravchenko et al. declararon: “Por lo tanto, se demuestra que el timerosal, comúnmente utilizado como conservante, no sólo causa efectos tóxicos primarios, sino que también es capaz de cambiar las propiedades de las células. Este hecho sugiere que el uso de timerosal para la preservación de preparados biológicos en medicina, especialmente los destinados a los niños, es inadmisible”.

Cox y Forsyth informaron: “Sin embargo, los casos individuales de severas reacciones al timerosal muestran la necesidad de vacunas con un conservante alternativo. “ ...Del mismo modo, se pueden esperar reacciones en un porcentaje alto de personas sensibles al Merthiolate, de tal forma que el Merthiolate de las vacunas debería ser sustituido por otro agente antibacteriano”.

Rohyans et al. revelaron en 1984, “Aunque el Merthiolate acuoso se ha utilizado durante años como un antiséptico tópico, una reciente  revisión de su uso por la Food and Drug Administration dio lugar a su clasificación como “poco eficaz”. Además, dos de los ingredientes (timerosal y borato) del Merthiolato son tóxicos si se absorben o se inyectan.

Seal et al. informaron que “El timerosal es un agente antibacteriano débil, que rápidamente se descompone en otros productos, incluidos los residuos de etilmercurio, que son neurotóxicos. Su papel como conservante en vacunas ha sido
cuestionado, y la industria farmacéutica considera su uso como “histórico” “.


Conclusión

Los análisis de la excreción urinaria de mercurio post-DMSA han encontrado una asociación estadísticamente significativa entre el aumento de las concentraciones de mercurio en la orina y la presencia de la trastornos del espectro autista en niños vacunados.

 Los niveles de mercurio medidos en este estudio podrían plausiblemente haber sido debidos a la exposición al mercurio en la infancia como resultado de la vacunación de rutina en los Estados Unidos; además, el timerosal contenido en las Rh (D) inmuno globulinas, y otras posibles fuentes ambientales de mercurio pueden haber contribuido también.

Nuestro estudio no ha podido determinar si las concentraciones urinarias (estadísticamente significativas) superiores de mercurio medidas en los casos en comparación con los controles, han sido causadas por una mayor exposición al
mercurio, a la reducción de la capacidad para excretar mercurio, o una combinación de ambas explicaciones.

Independientemente del mecanismo por el cual los niños con trastornos del espectro autista acumulan altos niveles de mercurio, el proceso de tratamiento con DMSA descrito en este estudio parece útil e importante en la determinación de la carga corporal de mercurio.

 Los referencias de este estudio, junto con datos epidemiológicos emergentes que demuestran un vínculo entre el aumento de la dosis de mercurio en las vacunas de la infancia y los trastornos del neurodesarrollo infantil, permiten confirmar la hipótesis de que el mercurio es uno de los principales factores que conducen al gran incremento en la tasa de autismo y otros trastornos del desarrollo neurológico.

Es de esperar que la eliminación del timerosal de todas las vacunas de la infancia contribuirá a una disminución de en el número de nuevos casos de trastornos del espectro autista.

 Lamentablemente, como se explica en una publicación reciente, muchas de las
las vacunas recomendadas en el calendario de inmunización infantil actualmente, contienen la dosis completa de timerosal que tenían hasta el 2002 (FDA, comunicación personal), y, además, vacunas pediátricas como la de la gripe, difteria-tétanos (DT), y, posiblemente, otras, todavía contienen la suma total de timerosal en 2003.

Por lo tanto, puede pasar bastante tiempo antes de que podamos ver una disminución en la prevalencia de los trastornos del desarrollo neurológico en los niños.

Jeff Bradstreet, M.D is Medical Director of the International Child
Development Resource Center (ICDRC);
David A. Geier, B.A is President of MedCon, Inc.;
Jerold J. Kartzinel, M.D. is a staff physician at ICDRC;
James B. Adams, Ph.D. is a Professor in the Department of Chemicals and
Materials Engineering, Arizona State University, Tempe, AZ;
Mark R. Geier is President of the Genetic Centers of America. Address
correspondence to Mark R. Geier, 14 Redgate Court, Silver Spring, MD
20905, telephone (301) 989-0548, Fax: (301) 989-1543, e-mail
mgeier@erols.com.

Potential conflict of interest: Dr. Mark Geier has been an expert witness and a
consultant in cases involving adverse reactions to vaccines before the U.S.
Vaccine Compensation Act and in civil litigation. David Geier has been a
consultant in cases involving adverse reactions to vaccines before the U.S.
Vaccine Compensation Act and in civil litigation.
Funding: This study was funded in part by the nonprofit International Child
Development Resource Center, 1688 W. Hibiscus Blvd., Melbourne, FL

Referencias

1 Burd L, Fisher W, Kerbeshian J. A prevalence study of pervasive
developmental disorders in North Dakota. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry
1987;26:700-703.
2 Ritvo ER, Freeman BJ, Pingree C, et al. The UCLA-University of Utah
epidemiologic survey of autism: Prevalence. 1989;146:194-199.
3 Yeargin-Allsopp M, Rice C, Karapurkar T, et al. Prevalence of autism in a
US metropolitan area. 2003;289:49-55.
4 Bertrand J, Mars A, Boyle C, et al. Prevalence of autism in a United States
population: The Brick Township, New Jersey, investigation. 2001;108:1155-1161.
5 Fiona JS, Baron-Cohen S, Bolton P, et al. Brief report: Prevalence of
autism spectrum conditions in children aged 5-11 years in
Cambridgeshire,UK. 2002;6:231-237.
6 Institute of Medicine (US). Immunization Safety Review: Thimerosal-
Containing Vaccines and Neurodevelopmental Disorders
Washington, DC: National Academy Press; 2001
7 Geier MR, Geier DA. Thimerosal in childhood vaccines,
neurodevelopment disorders, and heart disease in the United States.
2003;8:6-11.
8 Geier MR, GeierDA. Neurodevelopmental disorders following thimerosal containing
vaccines. 2003:228:660-664.
9 Geier DA, Geier MR. An assessment of the impact of thimerosal on
childhood neurodevelopmental disorders. (in press).
10 Forman J, Moline J, Cernichiari E, et al. A cluster of pediatric metallic
mercury exposure cases treated with meso-2,3-dimercaptosuccinic acid
(DMSA). 2000;108:575-577.
11 Stajich GV, LopezGP, HarrySW, et al. Iatrogenic exposure to mercury after
Hepatitis B vaccination in preterm infants. 2000;136:679-681.
12 Pichichero ME, Cernichiari E, Lopreiato J, et al. Mercury concentrations
and metabolism in infants receiving vaccines containing thimerosal: A
descriptive study. 2002;360:1737-1741.
13 Holmes AS, Blaxill MF, Haley BE. Reduced levels of mercury in first baby
haircuts of autistic children. 2003; 111(4): (in press).
14  Alberti A, Pirrone P, Elia M, et al. Sulphation deficit in low-functioning.
autistic children: a pilot study. 1999;46:420-424.
15 Gilbert SG, Grant-Webster KS. Neurobehavioral effects of developmental
methylmercury exposure. 1995;103 (Suppl6):135-142.
16 Carty AJ, Malone SF. The chemistry of mercury in biological systems. In:
. Nriagu JO (ed). New York, N.Y.: Elsevier/North Holland;1979:433-459.
17 Clarkson TW. The three faces of mercury.
2002;110 (Suppl 1):11-23.
18 Baskin DS, Ngo H, Didenko VV. Thimerosal induces DNA breaks,
caspase-3 activation, membrane damage, and cell death in cultured
human neurons and fibroblasts. 2003;(in press).
19 Makani S, Gollapudi S, Yel S, et al. Biochemical and molecular basis of
thimerosal-induced apoptosis in T-cells: Major role of mitochondrial
pathway. 2002;3:270-278.
20 Nelson KB, Bauman ML. Thimerosal and autism? 2003;111:674-679.
21 Green D, Baird G, Barnett AL, et al. The severity and nature of motor
impairment in Asperger.s syndrome: a comparison with specific
developmental disorder of motor function.2002;43:655-668.
22 Bernard S, Enayati A, Redwood L, et al. Autism: A novel form of mercury
poisoning. 2001;56:462-471.
23 Bernard S, Enayati A, Roger H, et al. The role of mercury in the
pathogenesis of autism. 2002;7(Suppl 2):S42-S43.
24 Redwood L, Bernard S, Brown D. Predicted mercury concentrations in
hair from infant immunizations: cause for concern. 2001;22:691-697.
25 Kravchenko AT, Dzagurov SG, Chervonskaia GP. Evaluation of the toxic
action of prophylactic and therapeutic preparations on cell cultures.
Communication III. Revealing the toxic properties of medical biological
preparations from the degree of cell damage in continuous cell line L132.
1983;3:87-92.
26 Cox NH, Forsyth A. Thimerosal allergy and vaccination reactions.1988;18:229-233.
27 Forstrom L, Hannuksela M, Kousa M, et al. Merthiolate hypersensitivity
and vaccination. 1980;6:241-245.
28 Rohyans J, Walson PD, Wood GA, et al. Mercury toxicity following
merthiolate ear irrigations. 1984;104:311-313.
29 Seal D, Ficker L, Wright P, et al. The case against thimerosal.
1991;338:315-316.
30 Geier MR, Geier DA. Response to critics on the adverse effects of
thimerosal in childhood vaccines. 2003;8:68-70.