Los peligros de una lata de atún

Extraído de el elmundosalud.com

Algunas dietas recomendadas por los especialistas podrían no ser tan beneficiosas como se pensaba. El consejo de aumentar el consumo de pescados ricos en ácidos grasos omega-3 por sus efectos cardioprotectores, podría quedar obsoleta. El consumo de especies marinas es la principal vía de entrada de mercurio al organismo.

El mercurio es un metal pesado con efectos tóxicos bien conocidos en el ser humano, en especial sobre el sistema nervioso. La fuente principal de este metal es el pescado de nuestra dieta aunque, salvo los peces procedentes de zonas con elevadas tasas de contaminación, no todas las especies contienen la misma cantidad de mercurio. El alcance de esta sustancia es tal, que se detecta en animales lejanos a la civilización como las ballenas o focas del ártico. En general, los peces más longevos como el tiburón, caballa, pez espada o besugo, son las que contienen cantidades más altas.

Aunque se sospechaba, hasta ahora se desconocía que el mercurio podría aumentar el riesgo de infarto de miocardio. Esta semana, un estudio internacional, en el que han colaborado algunos hospitales españoles, relaciona el riesgo cardiovascular con los niveles de mercurio. El ensayo, compara los niveles de mercurio entre varones que han sufrido un IAM y sujetos sanos. Los resultados fueron inequívocos en este caso: la cantidad de mercurio era un 15% más elevada en los pacientes con infarto que en los controles.

A la vista de estos resultados, los investigadores se plantean la posibilidad de que el efecto beneficioso de un mayor consumo de pescado, rico en pomega-3, pudiese verse contrarrestado por los efecto nocivos del mercurio que trasportan estos animales.

Alteraciones neurosensoriales

Los niveles elevados mercurio son capaces de producir alteraciones neurosensoriales como trastornos de la visión o sordera y lo que es más grave, interfieren con el desarrollo neurológico normal, algo especialmente grave para las mujeres embarazadas, las lactantes o los niños de corta edad.

Debido a su toxicidad, existe una legislación relativamente rígida sobre las cantidades máximas de mercurio permitidas en el agua y en los alimentos. Sin embargo, las últimas evidencias científicas adjudican una mayor capacidad del metilmercurio para alterar el desarrollo del sistema nervioso fetal de forma leve pero significativa, algo que ha llevado a las autoridades americanas a reducir aún más los niveles tolerables de mercurio y a emprender nuevos estudios que evalúen el problema. Por el momento, y a falta de trabajos más extensos, se ha desaconsejado el consumo de determinadas especies de pescado, con alto contenido en este metal, a mujeres en período de lactancia y a niños de corta edad.

La pregunta se centra ahora en cuáles son las cantidades adecuadas de pescado que se deben consumir, sobre todo de algunos productos tan comunes como una simple lata de atún en niños. Según los expertos, incluso para mujeres embarazadas, parece relativamente seguro consumir entre 2 y 4 raciones semanales de pescado ricos en omega-3 y bajos en mercurio como el salmón o la sardina.