Acusan que laboratorios alentaron pánico por el AH1N1

Mar, 15/06/2010 - 07:04
En momentos en que un informe médico británico revela que algunos investigadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibieron dinero de los laboratorios que fabricaban medicamentos contra la gripe AH1N1, el ensayo “Pandemia” editado esta semana en Argentina coincide que el pánico que se desató el año pasado en torno a la enfermedad, constituyó una “oportunidad comercial” para los fabricantes del antiviral oseltamivir.

La molécula base de oseltamivir fue descubierta en 1992 a un costo de US$ 800 millones por Gilead Sciences y desde 2003 se comercializaba con la marca “Tamiflu”, pero fue recién con los brotes de la gripe aviar A en Asia, que el fármaco comenzó a venderse de modo masivo, especialmente a los gobiernos, asustados por las versiones alarmistas que obligaron a planificar programas sanitarios preventivos.

“Ya no se trataba de una gripe común sino de una enfermedad muy grave con potencial de transformarse en pandemia. Y según la literatura médica circulante, el antiviral podía ser la diferencia entre la vida y la muerte”, cuestiona la argentina Mónica Muller, especialista en publicidad de laboratorios y productos medicinales, en su ensayo “Pandemia”.

El diario médico British Medical Journal publicó el viernes que “al menos 3 de los investigadores que presentaron el grueso de los documentos científicos en los que se basó la adquisición de medicamentos por parte de los gobiernos habían recibido dinero de alguna de las empresas farmacéuticas que producían los fármacos”.
En “Pandemia” se recuerda que “a 3 años del inicio de la pandemia de gripe AH1N1 los gobiernos de todo el mundo ya habían acumulado Tamiflu (Roche) y Relenza (Glaxo) en cantidad suficientes para tratar a los funcionarios de primera línea y a los principales responsables de las áreas de salud”.

“Ese renacer comercial hizo que Roche llegara a duplicar su producción de oseltamivir en 2004 y la cuadruplicara en 2005”, compara “Pandemia”.
El ensayo, subtitulado “Los secretos de una relación peligrosa: Humanos, virus y laboratorios”, agrega que en 2005 el laboratorio suizo Roche reconoció que “la demanda superaba su capacidad de producción y planeó la apertura de una nueva planta de producción en los Estados Unidos”.

“Pandemia” detalla que entre 2004 y los últimos meses de 2009, Roche había abastecido a 96 países con un total de 270 millones de tratamientos. Ante “la perspectiva de una segunda oleada del virus en los países donde apareció primero y la demanda insaciable de oseltamivir, en diciembre de 2009, el laboratorio anunció que estaba evaluando la estabilidad del ingrediente activo con el propósito de extender su vida útil y postergar su plazo de vencimiento, ya que casi todas las reservas que tienen los gobiernos fueron elaboradas en 2003, cuando se difundió la amenaza de epidemia de gripe aviar”, agrega la autora.

“Si esos 270 millones de tratamientos o 2.700 millones de cápsulas- porque cada tratamiento consta de 10 cápsulas- se vencieran sin haber sido usados, los ministros de Salud de 96 países se verían en la difícil situación de tener que dar explicaciones a sus contribuyentes”, advierte Muller.

Iaian Overton, editor jefe de la Oficina de Periodismo de Investigación de Londres, dijo el viernes a la BBC que “mientras la OMS siga permaneciendo hermética y no revele quién le está aconsejando y sus conflictos de intereses, sentimos que es contraproducente”.

“La OMS está bajo sospecha, porque se cree que está escondiendo algo y esto plantea la duda acerca de la independencia de alguno de sus expertos”, agregó Overton.

La autora en su ensayo recuerda además que desde 1986 funciona en Estados Unidos un Programa Nacional de Indemnizaciones por Lesiones por Vacunas de la Infancia (NCVIA), que ha pagado ya casi US$ 2.000 millones por compensación por muertes y daños severos.

Ese organismo, entre su creación y el primero de agosto de 2008, recibió 5.263 reclamos por autismo y 2.865 por otras razones adjudicadas a las vacunas.
La financiación de estas indemnizaciones se obtiene por medio de un impuesto de 75 centavos de dólar sobre cada dosis de vacuna, aclara la autora.
Muller advierte que “frente a las epidemias, todas las sociedades son tan primitivas como las que sacrificaban doncellas para aplacar a los dioses”.

“Cuando la peste estalla la reacción inicial no es intentar limitarla ni aprender a tratarla sino identificar al culpable que tanto en 2009 como en la Edad Media es el extranjero, el pobre o el indiferente”, lamenta, por último, la autora.