Carme Ros Trenchs: Muchas enfermedades del cuerpo tienen su origen en la boca

Vie, 11/01/2013 - 10:08
Antes de hacer un diagnóstico y decidir un tratamiento bucal, Carme Ros, dentista bioenergética y profesora de Anatomía Humana en la Facultat de Medicina de la UB, analiza el estado general del cuerpo del paciente. Observa y mide si algún órgano –el hígado, el corazón, los pulmones u otro– está sufriendo las consecuencias del problema bucal por el que se le consulta. O, a la inversa, si su intervención sobre una muela o un colmillo podría alterar el bienestar intestinal o incluso visual de quien le pide ayuda. Con estos datos, y una vez averigua qué metales serán bien tolerados por esa persona, propone un plan dental. En Catalunya, no llegan a la decena los dentistas bioenergéticos.
 

–¿Qué tiene en cuenta antes de iniciar un tratamiento dental?
–Lo primero, el estado energético de la persona, que es la base. Después, si los metales que lleva en la boca la están intoxicando, ya sean mercurio, titanio, cromo y cobalto –con los que se hacen las aleaciones de las prótesis– o las amalgamas de los empastes.

–¿El paciente se siente intoxicado?
–No suele notar nada. El grado de esa intoxicación varía mucho: el mercurio, por ejemplo, llega a todos los órganos, pero sus consecuencias no son percibidas, o no se las relaciona con los arreglos dentales. En toda mi vida profesional, solo he visto a cuatro o cinco pacientes a los que no les intoxicara una amalgama, que es una mezcla de metales. Al 90% de quienes las llevan no les van bien energéticamente.

–¿Ustedes miden la energía?

–Sí. Valoramos el estado energético de los meridianos que recorren el cuerpo. En medicina tradicional china esto se hace observando los pulsos y la lengua; nosotros lo hacemos con un aparato de electroacupuntura. Todos los meridianos del cuerpo pasan por la boca, que es el punto de unión entre el cerebro y el resto del organismo. Una zona de tránsito que influye en el resto.

–¿Energía quiere decir fuerza?
–No. Energía quiere decir capacidad del cuerpo para superar todos los traumas y tropiezos que pueda sufrir. Si una persona es joven, físicamente está en forma y no tiene ninguna enfermedad, posiblemente aguantará un implante dental de titanio, porque energéticamente está bien. Cuando es mayor y tiene menos energía vital (somos como una pila que se va descargando), no aguantará según qué implantes.

–¿De qué les informa la boca?
–De lo que ocurre en casi todo el cuerpo. Vemos la relación de los meridianos con los órganos y, por lo tanto, con los dientes. Una intoxicación causada por una amalgama de metal puede provocar candidiasis, cefaleas, insomnio, problemas digestivos, irritabilidad. Una muela del juicio incluida puede dar dolores lumbares o cervicales. Y también buscamos los focos interferentes.

–¿Focos interferentes?
–Son las piezas o estructuras de la boca, contando las encías, los maxilares y la mucosa, que pueden causar enfermedades a distancia, aunque no den ningún síntoma dental.

–¿Una muela que no molesta puede causar un problema en otro punto del cuerpo?
–Eso es. Una muela ectópica, que esté fuera de donde le tocaría, puede dar problemas en su órgano correspondiente, el intestino delgado o el grueso, por ejemplo, aunque la pieza dental esté bien.

–Están interconectados.
–Sí. Y hay que respetar esa conexión. A una persona que sufre cirrosis hepática o una hepatitis no le pondría un implante en un colmillo, porque ese diente está relacionado con el hígado. Las muelas inferiores están vinculadas con el sistema digestivo y el pulmón: por tanto, a quien ha sido operado de un cáncer de colon no le pondré un implante de titanio en una muela inferior.

–Y si se lo pone, ¿qué ocurrirá?
–Le provocaremos un bloqueo de energía. No porque el titanio le cause alergia, sino porque interferirá en su canal de energía, que ya está debilitado por la enfermedad. Esos canales son como ríos de energía a los que les ponemos una presa, el implante: desde aquí, no habrá agua, y en la otra parte habrá en exceso. Esa persona puede sufrir una bajada del sistema inmunitario, fatiga crónica o dolor por inflamación ósea. Muchos dolores óseos tienen su origen en una alteración dental indolora.

–¿Afecta a la musculatura?
–Sí. Muchas endodoncias (matar el nervio de una pieza dental) o muelas del juicio en mal estado causan dolores de hombros, articulares, musculares, y sobre todo bajan la energía. Cuando algo está mal en la boca, se reduce la fuerza muscular. Esto lo tienen en cuenta los médicos de los equipos de fútbol de élite y los preparadores físicos.

–¿Un problema dentario no tratado o descuidado puede enfermar a otro punto del cuerpo?
–Yo estoy convencida de que muchas enfermedades, leves o graves, tienen su origen en la boca. Fibromialgias, cefaleas, candidiasis... todo lo que es consecuencia de una disminución de las defensas. También irritabilidad y falta de concentración. Puede ser por un diente o una muela enfermos, o por colocar un implante que no es tolerado.

–¿Por ejemplo?
–Más de una vez un implante de titanio en un colmillo da lugar a una diplopia, visión doble. Yo he tratado algún caso: fue sacar el implante y la diplopia desapareció. Pasa igual con muchos malestares digestivos. A una persona con esclerosis múltiple, otro ejemplo, lo primero que hacemos es quitarle todos los metales que lleve en la boca. Y mejora. De hecho, todo el mundo mejora energéticamente cuando se le quitan los metales de la boca.

–Es poco partidaria del implante.
–Recurro a ellos cuando son útiles y necesarios. Cuando son imprescindibles para sostener varios dientes más, por ejemplo. Pero no los usaría jamás con la profusión con que se están colocando a todo tipo de personas, sin medirles nada más que el tamaño de la boca. Hay pacientes a los que les han colocado ocho, 10 o más implantes de titanio, y eso me parece un error porque causan bloqueos energéticos, además de infecciones.

–Pues los lleva mucha gente.
–Muchísima. Lo sé. Soy coordinadora de los cursos de implantes dentales que se hacen con cadáveres en la Facultat de Medicina de la UB. No soy muy partidaria de ellos pero, paradójicamente, todos los profesionales que los colocan pasan por mis cursos. Ahora, cuando a una persona se le cae un diente o lo pierde, en un 90% de los casos le colocan un implante. Han sustituido a los antiguos puentes. Se los considera eficaces porque son estructuras fijas.

–¿Qué piezas dentales son más determinantes en la boca?
–Todas. Cada pieza conecta con un sistema y todas son fundamentales. Los incisivos superiores o inferiores conectan con el sistema genitourinario y los riñones. Los colmillos, con la vista, el hígado, la vesícula biliar y la libido. Los siguientes de arriba, con estómago, bazo y páncreas. Los de abajo, con intestino grueso y pulmón. Las muelas del juicio conectan con el corazón. Otras piezas están relacionadas con las glándulas mamarias, con las endocrinas... con todo. La boca lo toca todo.

–¿Este aspecto forma parte de los estudios de Medicina?
–No. Los colegios de médicos no lo valoran. Creo que por desconocimiento. Yo me formé en Barcelona, Italia y Colombia. En el resto de Europa, en especial en Alemania, Dinamarca y Suecia, la bioenergética dental está muy extendida.

–¿Por qué los médicos no estudian esa parte del cuerpo?
–No lo sé. La boca la abordan los estudiantes de Odontología. Solo los estomatólogos somos médicos y dentistas: es una especie en extinción. Yo creo que los médicos deberían estudiar la boca y sus relaciones con las enfermedades de los órganos. Mis alumnos sí que lo saben.

–Algunos médicos sí tienen en cuenta el estado de la boca.
–Cuando hay infecciones sí, pero no las relacionan con otras enfermedades que sufra la misma persona. Yo atendí a un enfermo que estuvo hospitalizado por una endocarditis bacteriana importante (inflamación de las válvulas cardiacas) y nadie le miró la boca, aunque tenía flemones importantes. Esto los médicos de antes lo tenían en consideración.

–¿El antiguo médico de cabecera?
–El médico de la familia, aquel que atendía a todos y lo tenía todo en cuenta. Esos doctores sabían que de una infección de la boca podía surgir una enfermedad: que puede dar lugar a una alopecia (pérdida del cabello), o desembocar en el corazón, en los huesos o en el cerebro. Eso antes lo tenían muy claro.

 

Extraido de http://epreader.elperiodico.com/APPS_GetPlayerZSEO2.aspx?pro_id=00000000-0000-0000-0000-000000000001&fecha=08/01/2013&idioma=0&doc_id=bcb816ee-2ac9-4e7b-b3d5-6327c464ef4a