Especialistas médicos cuestionan la seguridad de las vacunas

Jue, 10/09/2009 - 21:57

En EEUU, cada año se denuncian 14.000 casos por sus efectos secundarios

11 Septiembre 2000

CARLOS FRESNEDA.

Enviado especial WASHINGTON.-

En el último medio siglo, las vacunas se han impuesto como un ritual médico que nadie se atrevía a cuestionar. Gracias a las inmunizaciones masivas, dicen, hemos vencido la batalla a las enfermedades infecciosas... Pero la certeza de entonces, la convicción de que los pinchazos son beneficiosos y que sus riesgos son mínimos, se está empezando la resquebajar. Las primeras voces de alarma la dieron los padres de niños afectados por los efectos secundarios. Algunos acusan a las vacunas de estar detrás de las muertes prematuras de sus hijos; otros sospechan que existe una relación entre los pinchazos y el espectacular aumento de enfermedades como el autismo, el asma o la diabetes.
La mayoría de la clase médica sigue aferrada al dogma oficial y alerta contra los riesgos de un posible rebrote de las enfermedades infecciosas si se baja la guardia. Otra parte minoritaria ha decidido escuchar a los afectados, aportar argumentos científicos y hacerse la misma pregunta en voz alta: «¿Son seguras las vacunas?». Medio centenar de especialistas de todos los frentes (inmunólogos, epidemiólogos, neurólogos, microbiólogos, pediatras) acudieron el pasado fin de semana a Washington para paticipar en el Conferencia Internacional sobre las Vacunas. Vinieron de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Estados Unidos, e intentaron responder a la creciente preocupación de los padres norteamericanos. Como invitado especial, el congresista Dan Burton, que ha conseguido hacer desfilar por el Capitolio a la autoridades sanitarias y a la industria farmacéutica. Burton se ha tomado el tema como algo muy personal: su nieto de dos años comenzó a dar síntomas de autismo tras recibir una vacuna triple DTP (contra la difeteria, el tétano y la tos ferina). «Yo no pongo en duda la validez de las vacunas», dijo Burton. «Pero lo cierto es que algo está pasando. Esta preocupación la estoy detectando en la clase médica, y creo que ha llegado el momento de informar al público».


Toxicidad

La iniciativa de Burton ha coincidido con noticias alarmantes como la retirada temporal de la vacuna contra la hepatitis B, al detectarse altos niveles de toxicidad de mercurio. O la marcha atrás de una vacuna contra la diarrea, al descubrirse que podía causar gravísimas obstrucciones intestinales. O la suspensión de la vacuna del polio por vía oral, causante de los únicos casos de la enfermedad detectados en EEUU. Se ha roto el muro de silencio y diversos colectivos están comenzando a actuar. El más reconocido en EEUU es el Centro Nacional de Información de las Vacunas (NVIC), encabezado por la infatigable Barbara Loe Fisher, madre de un niño que sufrió graves daños en el sistema nervioso tras el cuarto pinchazo de la DTP. «Hoy por hoy, los niños americanos reciben más de 30 vacunas en sus primeros dos años de vida, y cuantos más pinchazos, más casos de reacciones adversas», declaró Barbara a los más de 500 asistentes a la conferencia.

Todos los años se denuncian en EEUU unos 14.000 casos de graves efectos secundarios atribuidos a las vacunas. En los últimos 14 años, el Gobierno ha indemnizado a las víctimas con 180.000 millones de pesetas. Como contrapunto a las cifras, historias en vivo como las de los gemelos Smith. Jacob recibió la vacuna contra la hepatitis B al mes de nacer; Jesse, a los tres meses. A los 15, los dos recibieron la triple vírica: Jesse no tuvo más que una ligera fiebre, pero Jacob comenzó a dar síntomas de autismo... «Yo estoy convencida de que la hepatitis B noqueó su sistema nervioso, y la triple vírica remató la faena», confiesa su madre, Jeana. Por si acaso, a su última hija no la ha vacunado: «Es una decisión que no tomas a la ligera, pero no voy a jugar otra vez a la ruleta ni a comerme los dedos por la falta de respuestas».