La oxitocina y el autismo

Mar, 20/09/2011 - 08:44

La experimentación obtuvo buenos resultados al mejorar la capacidad de darle un significado emotivo al lenguaje.

La noticia fue anunciada durante el convenio anual del Colegio Americano de Neuropsicofarmacología: dosis adecuadas de oxitocina, suministradas por vía intranasal o endovenosa, pueden tener efectos positivos en pacientes autistas adultos.

“Los estudios que se han efectuado en animales demuestran que la oxitocina juega un papel importante en muchos comportamientos, entre los que destacan la relación entre dos personas padre–adulto y adulto–adulto, la memoria social, la cognición social, la reducción del ansia y los comportamientos repetitivos”, explicó Jennifer Bartz, investigadora de la Escuela de Medicina Mount Sinai.

Sin embargo, sólo en fecha reciente se consideró la posibilidad de suministración de esta sustancia, en particular a sujetos autistas. Este tipo de personas demuestran tener síntomas que se relacionan justamente con el sistema de la oxitocina.

Durante el estudio, a un grupo de sujetos que padecen de Asperger se aplicaron dosis de pitocina (oxitocina sintética) o bien de un placebo (una solución salina) por un período de cuatro horas. Durante ese lapso de tiempo los participantes fueron seguidos con especial interés con la finalidad de verificar las eventuales variaciones de los comportamientos repetitivos, típicos de la patología, entre los que figuran el preguntar, el pedir y el tocar. De esta forma, se registraron cambios clínicos estadísticamente significativos, con una rápida reducción de los comportamientos repetitivos a lo largo de la suministración, mientras que no se descubrió ningún efecto en el grupo placebo, lo cual sugiere que la sustancia tiene un efectivo impacto sobre los síntomas de la condición. Los investigadores estudiaron sucesivamente los efectos de la oxitocina sobre la cognición social. Los pacientes autistas con frecuencia son incapaces de percibir o de leer los estados emotivos de los demás a través de sus expresiones faciales y vocales, lo cual genera una reducción de sus capacidades de interacción con el prójimo. También en este caso se obtuvieron resultados interesantes: de las pruebas se ve con claridad cómo los sujetos tratados lograban mejorar su capacidad de darle un significado emotivo al lenguaje.

 

Domingo 10 de diciembre de 2006
Diario La Razón
Ignacio Gómez. Editor