Specialisterne, la empresa informática donde sólo trabajan autistas

Mar, 27/12/2011 - 08:45

Son metódicos, perseverantes, precisos, extremadamente atentos al detalle, buenos detectores de estructuras y de rutinas. En otras palabras, los autistas han nacido para ser ingenieros de software. Esta es la visión que tuvo Thorkil Sonne, un empresario danés cuando fundó en 2004 Specialisterne, una consultora tecnológica en la que la mayoría de sus 60 empleados sufren algún tipo de autismo.

La empresa se dedica a corregir el código de los programas de firmas como Microsoft o CSC y registra ventas anuales superiores a 2 millones de euros. Pero lo más importante es que el éxito de la idea ha calado y están surgiendo empresas similares en Suecia, Holanda, Bélgica, Islandia y Escocia. La propia Specialisterne acaba de abrir una oficina en Glasgow.

Como relata Drake Bennett en el último número de Wired,

“Convertir el autismo en un argumento de ventas exige un pequeño esfuerzo extra: los empleados de la empresa deben completar un curso de cinco meses de duración y los clientes deben estar preparados para una relación laboral ciertamente inusual”.

Como suele suceder en estos casos, detrás de la fundación de la empresa hay una bonita historia humana. El tercer hijo de Sonne fue diagnosticado autista. Su padre, que por entonces trabajaba en la operadora pública danesa, se preguntó qué sería de él cuando fuera mayor. Mientras entraba en el silencioso mundo del autismo, Sonne conoció a un autista de 18 años, especialmente habilidoso con los ordenadores, que, sin embargo, pasaba el día en casa mano sobre mano. Aquel joven fue su primer empleado.

En Dinamarca, como en España y en casi cualquier lugar del mundo, a los autistas se les considera “no empleables”. El autismo afecta a entre el 0,25% y el 1% de la población, pero sólo el 6% de los autistas tienen un empleo.

La buena noticia para Specialistern, no tan buena para el resto de la sociedad y realmente mala para los afectados, es que la prevalencia del autismo ha aumentado un inquietante 600% en las dos últimas décadas.