Un estudio comunitario revela que las bacterias intestinales son fundamentales para el desarrollo del cerebro

Jue, 10/02/2011 - 21:48

Según una nueva investigación financiada por la UE y publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), parece ser que las bacterias que viven en el intestino influyen en el desarrollo del cerebro y en la conducta de los adultos. Los hallazgos sugieren que la colonización de nuestros intestinos por microbios en nuestra primera infancia puede ser fundamental para el desarrollo saludable del cerebro. La investigación también puede tener implicaciones relativas a nuestra comprensión de los trastornos psiquiátricos.

El apoyo de la UE para este trabajo proviene del proyecto TORNADO («Objetivos moleculares abiertos para la regulación de la flora intestinal: nuevas vías para mejorar la dieta y la salud de los europeos»), que recibió 5,9 millones de euros del área temática «Alimentos, agricultura y pesca, y biotecnología» del Séptimo Programa Marco (7PM) de la UE. El objetivo del proyecto se centra en esclarecer la influencia de la dieta en los microbios intestinales y, a su vez, la influencia de estos microbios en el sistema inmunológico y otros sistemas del organismo. TORNADO se inició en 2009 y está previsto que concluya en 2013.

Se sabe que el entorno que nos rodea en las primeras etapas de la vida tiene una gran influencia en nuestro desarrollo. Poco después del nacimiento, el intestino de los bebés de los mamíferos se ve rápidamente colonizado por una comunidad variada de bacterias. Estudios realizados señalan que este proceso es esencial para el buen desarrollo de una serie de sistemas del organismo, como la función inmune, el desarrollo de vasos sanguíneos y la función hepática.

Al igual que muchos otros órganos, el cerebro se ve afectado por los factores ambientales que rodean al organismo desde el nacimiento. La ciencia ha demostrado que existe una correlación entre las infecciones causadas por microbios patógenos al nacer y algunos trastornos del desarrollo neurológico como el autismo y la esquizofrenia

En este estudio, los científicos del Instituto Karolinska y del Instituto del Cerebro de Estocolmo (Suecia), junto con sus colegas del Instituto del Genoma de Singapur, se propusieron investigar la influencia de los microbios «normales» del intestino en el desarrollo y funcionamiento del cerebro.

El equipo comparó el comportamiento de ratones que se habían criado en un entorno con microorganismos normales con ratones que habían sido criados en un ambiente libre de microorganismos (ratones «libres de gérmenes»).

Los experimentos demostraron que los ratones libres de gérmenes eran más activos que sus homólogos con microbios y, además, presentaban comportamientos de mayor riesgo. La exposición de ratones libres de gérmenes a microbios desde etapas tempranas de la vida dio como resultado adultos que se comportaban de manera similar a los ratones que habían estado expuestos a las bacterias desde su nacimiento. Sin embargo, la colonización por bacterias de ratones adultos libres de gérmenes no afectaba a su comportamiento pues seguían actuando como ratones libres de gérmenes.

«Los datos apuntan a que existe un período crítico en las primeras etapas de la vida en el que los microorganismos intestinales afectan al cerebro y cambian el comportamiento en la vida adulta», comentó la autora principal del artículo, la Dra. Rochellys Díaz Heijtz del Instituto Karolinska y el Instituto del Cerebro de Estocolmo.

Un análisis de la actividad de los genes en los cerebros de los dos grupos de ratones puso de manifiesto diferencias en los niveles de actividad de los genes implicados en el aprendizaje, la memoria y el control motor.

«Nuestros resultados sugieren que durante la evolución, la colonización de la microbiota intestinal se ha integrado en la programación del desarrollo del cerebro, afectando al control motor y al comportamiento relacionado con la ansiedad», concluyen los investigadores.

«La microbiota intestinal también podría ser capaz de modificar la expresión de los genes relacionados con el riesgo o ser parte de los mecanismos que alteran las funciones cognitivas en los pacientes con enfermedades gastrointestinales», señalan los investigadores. «Por último, los cambios de comportamiento observados derivados de la presencia de flora intestinal en los roedores, como se relata en este documento, podrían tener implicaciones más amplias a la hora de considerar los trastornos psiquiátricos en las personas.»

Para más información, consulte:

Instituto Karolinska:
http://ki.se

Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS):
http://www.alifexii. org

Proyecto TORNADO:
http://www.fp7tornado.eu/

 

Extraído de http://cordis.europa.eu/fetch?CALLER=ES_NEWS_FP7&ACTION=D&DOC=2&CAT=NEWS&QUERY=012debc761da:b6e7:52331624&RCN=33024