El silencio del congreso colombiano ante las víctimas VPH

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Yumis Baleta es una niña de dieciséis años, natural de Sincelejo y una víctima más de los efectos adversos de la VPH, que mediante ley número 1626 del 30 de abril de 2013 se garantiza “de manera gratuita a todas las niñas entre cuarto grado de básica primaria y séptimo grado de básica secundaria”, ella al igual que tres millones quinientos mil niñas colombianas estarán expuestas a unas reacciones adversas y al abandono del Estado colombiano. El caso de Yumis es dramático, como el de muchas que aún permanecen en el anonimato, por cuanto sus condiciones económicas no le permiten acudir a una atención medica básica y oportuna, aunado a lo anterior su situación se complica por cuanto sus padres perdieron su negocio de zapatos para atender su enfermedad, inexplicablemente le suspendieron su carnet de salud y su padre, mototaxista, a duras penas obtiene lo necesario para llevar a su hogar. Hasta sus quince años gozó de una salud envidiable, corría, jugaba y vivía como cualquier niña de su edad; hasta que en junio de 2013 le aplicaron, en su colegio, la primera dosis de la VPH; empezó a sentir algunos dolores y molestias al caminar, le temblaban sus piernas, sentía fríos inexplicables y sus piernas no le respondían al caminar. Pero todo se complicó cuando unos meses después le aplicaron la segunda dosis VPH, inexplicablemente perdió el control de sus piernas, ya no pudo caminar, sentía dolores intensos en todo su cuerpo y en su EPS los médicos no encontraban explicación alguna a sus males. Hasta que simple y sencillamente le dijeron que “no era nada orgánico y que todo estaba en su mente”, pero Yumis seguía perdiendo sus movimientos y sus dolores se hacían insoportables, para sus padres la situación se hizo insostenible y perdieron lo escaso que tenían para hacerse cargo del cuidado de su hija. Al indagar a Yumis sobre sus necesidades actuales nos dice en su ingenuidad y sencillez que necesita unas muletas para poder desplazarse pues las que tenía se desgastaron sin que en su casa se tengan los recursos para adquirir unas nuevas. En el momento se encuentra sola, abandonada a su suerte, sin atención médica ni medicamentos y comprometida su situación médica y emocional.

Lo grave del asunto es que este cuadro clínico se repite en infinidad de niñas que han recibido en sus escuelas la VPH en casi todos los rincones de Colombia. Y ni entidades de salud, ministerios, gobierno nacional, medios de comunicación o entidades educativas brindan una explicación oportuna y clara; se las deja a su suerte y con diagnósticos que no responden al verdadero origen de su mal. He tenido la oportunidad de dar a conocer la situación de algunas niñas a integrantes del Congreso de La Republica sin que ellos ofrezcan respuesta alguna, y, por el contrario, evaden su responsabilidad como si con ello acabara esta ignominia.

Desde sus inicios la VPH fue duramente cuestionada, tribunales de ética médica la censuraron, muchos países la excluyeron de su plan obligatorio de vacunas por la aparición de efectos adversos en las niñas que van desde la parálisis hasta la muerte y en varios países se han creado asociaciones de afectados de esta vacuna, científicos y médicos hablan sobre sus componentes (aluminio) que intoxican las neuronas y destruyen prácticamente el sistema inmunológico de estas niñas. En nuestro país se empieza a aplicar a niñas de nueve años de edad y nadie parece escuchar un clamor que con el correr de los días crece haciéndose imposible de ocultar. En Argentina se considera oportuno “implementar un sistema de notificación obligatoria de las reacciones adversas a la vacuna por parte de los profesionales y un sistema elaborado para el registro y análisis de dicha información...”. En Colombia se deja solas a estas niñas, abandonadas a su suerte y expuestas a graves consecuencias amenazando su vida misma.

El Congreso de la República de Colombia debe asumir su responsabilidad y permitir que madres de niñas afectadas expongan sus casos, facilitar la intervención de niñas y estudiosos de la materia. No es posible que se legisle a ciegas, sin que se conozcan los antecedentes graves y aun mortales de una vacuna que, repetimos, ha sido censurada y vetada en muchas partes del mundo. No es posible que unos congresistas aprueben medidas sanitarias que lesionan la integridad de menores de edad, y menos posible que se nieguen a dar declaraciones al respecto y mucho menos que impidan que afectadas puedan expresar sus vivencias y angustias.

El caso de Yumis, como el de muchas otras niñas, es real y palpable, lo pueden ver en este sencillo video que ella en su tristeza y soledad da a conocer en su intento desesperado de ser vista y oída. Lamentable que una niña en sus condiciones no disponga de unas muletas ni atención médica, pero más deplorable que su enfermedad sea producto de una vacuna de carácter obligatorio mediante ley de la república. Señores congresistas, por favor lean, consulten, investiguen, pongan a trabajar a sus UTL y no sigan con su negligencia matando niñas y llevándolas a cuadros clínicos graves y dolorosos. Estamos dispuestos a sustentar lo escrito y en compañía de madres y niñas afectadas exponer la verdad sobre los efectos adversos de la VPH. Mientras tanto, y como medida cautelar, suspender, así sea provisionalmente, la aplicación de la vacuna en los centros educativos que con toda la parafernalia se anuncia para el mes de mayo. Es su responsabilidad el bienestar del pueblo colombiano y si ustedes no ejercen con valor y valentía sus funciones, y reconocen sus errores, serán los tribunales internacionales quienes obliguen al acatamiento de los preceptos constitucionales.

Mientras tanto no dejemos sola a Yumis, brindémosle la atención médica que requiere y hagámosla sentir como una colombiana en pleno ejercicio de sus derechos. No es justo que una niña de su edad se sienta desamparada por el Estado colombiano, que deba mendigar unas simples muletas y que no se la atienda como la gravedad de su cuadro clínico lo amerita. Seguiremos insistiendo hasta que ustedes brinden una respuesta adecuada a cientos de familias que ya empiezan a expresar su clamor. Paremos esta VPH que está dejando unas secuelas difíciles de ignorar en muchos hogares colombianos. Pero mientras esto ocurre brindemos a Yumis la dignidad que su edad y su enfermedad requiere.