Tóxicos y su relación con el autismo y otros trastornos – Parte I

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En los últimos 12 años se han publicado una gran cantidad de estudios que relacionan el efecto de productos tóxicos con el incremento de la prevalencia no sólo de trastornos del neurodesarrollo, sino de afecciones de las vías respiratorias, asma, alergias, cáncer, etc. Sin embargo, y a pesar de que cada vez existe una mayor evidencia, apenas se han llevado a cabo medidas para controlar el uso indiscriminado de este tipo de productos. Desde los pesticidas a productos de cosmética, los encontramos por doquier, infinidad de sustancias tóxicas que se usan al amparo de las legislaciones actuales de los países. En muchos casos diferentes productos han sido retirados del mercado, pero a pesar de eso, siguen presentes en nuestro organismo, quizá una mención especial sea el DDT, que hace más de 30 años que se prohibió su uso a nivel mundial, y a pesar de ello se siguen encontrando restos del mismo en el organismo humano.

En mi actividad profesional me encuentro involucrado en un proyecto de salud para las Naciones Nativas de los EE.UU., y los datos objetivos nos dicen que existe una relación directa entre productos contaminantes y el cáncer (de todo tipo), multiplicando por 4 la prevalencia media en los EE.UU., o que la prevalencia de trastornos del neurodesarrollo se haya disparado, o el hecho increíble de que la diferencia de sexos en los nuevos nacimientos se haya alterado sustancialmente, a nivel mundial se estima que la proporción de niños varones nacidos es del 51,5% frente al 48,5% de niñas (Aunque en los últimos años esta tendencia se está invirtiendo), sin embargo en muchas tribus nativas norteamericanas apenas nacen niños varones, y la proporción es de 1 varón por cada 4 mujeres. De igual forma, el número de abortos espontáneos presenta unos niveles extremadamente altos en comparación a la media nacional de los EE.UU. Todas estas alteraciones que afectan a la salud general tienen una relación directa con factores medioambientales. En la región de Antofagasta (Chile) la prevalencia de cáncer multiplica por tres la media nacional. En otras regiones del mundo conocidas por su actividad minera o industrial los datos son extremadamente parecidos.

En mayo del 2005 el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), durante la primera reunión del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes se planteó la eliminación de 12 plaguicidas y productos químicos industriales peligrosos que pueden matar a la gente, producir daños en el sistema nervioso e inmunológico, provocar cáncer y desórdenes reproductivos, así como perturbar el desarrollo normal de lactantes y niños. En concreto se trataba de eliminar los plaguicidas aldrin, clordano, DDT, dieldrin, endrin, heptacloro, hexaclorobenceno, mirex y toxafeno, los productos químicos industriales bifenilos policolorados (PCB), o askareles, y hexaclorobenceno, y los subproductos derivados de la incineración, las dioxinas. Las características de estos químicos es que son altamente tóxicos; son estables y persistentes y tienen una duración de décadas antes de degradarse; se evaporan y se desplazan a largas distancias a través del aire y el agua, y se acumulan en el tejido adiposo de los seres humanos y las especies silvestres. Asimismo se busca reducir al mínimo y eliminar las descargas de dioxinas y furanos y eliminar los PCB.

Los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs) son sustancias químicas tóxicas, persistentes y bioacumulables en los organismos, causando efectos diversos en la salud humana y en el ambiente. Son mezclas y compuestos químicos a base de carbono que incluyen compuestos industriales como los PCBs, plaguicidas como el DDT y residuos no deseados como las dioxinas. Los COPs son principalmente productos y subproductos de la actividad industrial, de origen relativamente reciente. Son muy contaminantes incluso en muy bajas concentraciones, pudiendo alterar la actividad natural de las hormonas (una posible relación con la alteración de la proporción sexual en los nacimientos), alteran la expresión de los genes, haciendo que estos funcionen mal (por ejemplo, a la hora de sintetizar determinadas proteínas vitales para el desarrollo adecuado del cerebro). A su vez son bioacumulables (Se acumulan en los tejidos grasos) y se biomagnifican, es decir, aumentan su concentración en cientos o hasta millones de veces a medida que van subiendo en las cadenas alimenticias. A su vez su capacidad de dispersión es enorme, se han llegado a encontrar incluso en el Ártico. Los COPs pasan al feto a través de la placenta, o llegan al bebé a través de la leche materna, alteran la calidad y capacidad reproductiva (La infertilidad masculina es todo un problema en zonas de agricultura intensiva), pueden producir: cáncer y tumores en múltiples sitios, desarreglos neuro-conductuales incluyendo problemas de aprendizaje, reducción del rendimiento y cambios en el temperamento, cambios en el sistema inmunológico y neurológico, problemas reproductivos y desórdenes ligados al sexo, período de lactancia en las madres, enfermedades como la endometriosis( desorden ginecológico, crónico y doloroso, en el que los tejidos del útero crecen fuera del útero.), el aumento de la incidencia de la diabetes y otras.

Otro de los protagonistas de esta contaminación es el Bisfenol-A (BPA), el cual es “sospechoso” de ser extremadamente peligroso desde los años 30 (es decir, hace 80 años). El Bisfenol-A se usa principalmente en la fabricación de plásticos, se usa para fabricar una gran variedad de productos comunes incluyendo biberones y botellas de agua, equipamiento deportivo, dispositivos médicos y dentales, composites dentales y sellantes, anteojos orgánicos, CD y DVD, y electrodomésticos varios. Muchos tipos de resinas de epoxi, usadas como recubrimiento de casi todas las latas de refrescos y conservas, contienen a su vez el citado compuesto. Esta molécula es capaz de afectar a la señal de las células en una concentración de 1 parte por trillón. A medida que esta concentración aumenta, la cantidad de alteraciones que puede generar son inmensas. En los años 80, un estudio estimó que la concentración “segura” era 50 partes por mil millones. Esta molécula puede afectar al bebé desde su etapa embrionaria, al alterar la forma en que las hormonas se comportan. Muchos biberones contenían BPA en su composición, y al calentar la leche en el microondas, o simplemente al introducir líquidos calientes, las moléculas de BPA se liberaban, y lógicamente pasaban al organismo del bebé. Hoy, está prohibido en casi todo el mundo el uso de compuestos que contengan esta molécula para la fabricación de biberones. La Unión Europea lo prohibió el 1 de junio del 2011 y Argentina el pasado mes de marzo. Es decir, la prohibición es extremadamente reciente.

Este mes, la revista “Environmental Health Perspectives” ha publicado nuevos estudios que continúan fortaleciendo la evidencia de la relación causa-efecto entre sustancias tóxicas y los trastornos del Neurodesarrollo. En el estudio titulado “A Strategy for Comparing the Contributions of Environmental Chemicals and Other Risk Factors to Neurodevelopment of Children” se ha tratado de medir este factor de riesgo para estimar el impacto que una familia de productos químicos produce en el desarrollo neurológico de los niños: Metil-Mercurio (No confundir con tiomersal), pesticidas organofosforados y plomo han sido los objetivos de este estudio.

Los resultados de este estudio son bastante evidentes en cuanto a la relación entre los tóxicos citados y la presencia de cardiopatías, partos prematuros, diabetes de tipo 1, leucemia linfocítica aguda, tumores cerebrales, distrofia muscular, y Trastornos del Neurodesarrollo, tales como el Autismo, trastorno bipolar y el TDAH.

Bibliografía:

  1. Bellinger DC 2012. A Strategy for Comparing the Contributions of Environmental Chemicals and Other Risk Factors to Neurodevelopment of Children. Environ Health Perspect 120:501-507.  Canned Soup Consumption and Urinary Bisphenol A: A Randomized Crossover Trial Jenny L. Carwile, Xiaoyun Ye, Xiaoliu Zhou, Antonia M. Calafat, Karin B. Michels JAMA. 2011;306(20):2218-2220.doi:10.1001/jama.2011.1721

  2. Verhulst SL, Nelen V, Hond ED, Koppen G, Beunckens C, Vael C, Schoeters G, Desager K (January 2009). «Intrauterine exposure to environmental pollutants and body mass index during the first 3 years of life». Environ. Health Perspect. 117 (1):  pp. 122–6. doi:10.1289/ehp.0800003. PMID 19165398.
  3. Informe sobre disruptores endocrinos realizado por la consultora BKH para la Comisión Europea

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Estraído de http://autismodiario.org


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